6.12.09

Desenfrenadamente

Mi ruta por la carretera federal 85 me la sé de memoria, la he recorrido 5 veces a la semana de ida y vuelta por más de 27 años y sólo un accidente así que si me puedo dar el lujo de voltear a buscar mis cigarros o de cambiar de casette en el estéreo, cuantimás de mirarte de reojo. No suelo dar aventones por que me molesta tener que platicar con gente extraña, por eso me caíste bien, por eso y por atreverte a usar minifalda y traer sólo una pequeña mochila púrpura en la espalda al pararte a la orilla de la carretera. Por primera vez sentí la necesidad de tener una conversación y así una excusa de estar volteando a mirarte, pero eras de pocas palabras. Rocé tu pierna al acercarme a la guantera, tú le subiste al volumen de la música y acariciaste mi muslo antes de regresar tu brazo. Entonces me atreví a mirarte descaradamente las piernas, las abriste mientras volteabas hacia tu ventana fingiendo estar distraída, pasé saliva con sabor asenlix, meto mi mano bajo tu minifalda y siento que te estremeces, hago a un lado tu ropa interior, no quiero voltear a ver la carretera, te dedeo y siento como te mojas, saco la mano rápidamente para cambiar de velocidad y reaccionas acercándote un poco más a mi, vuelvo a meterte el dedo, estoy en la orillita de mi asiento, acaricio entre tus labios manejando de memoria y mirándote las chichis, estás tan rica y eres tan silenciosa que quiero soltar los pedales de mi trailer y dejarme ir sobre ti.

29.11.09

Tiempo de dar

Durante yo creo toda nuestra vida hemos escuchado que es mejor dar que recibir. Y normalmente estoy de acuerdo, es un acto noble que nos enriquece como personas, nos retroalimenta y nos hace crecer.

En el sexo solía pensar que prefiero todo lo contrario: ser absolutamente egoísta y recibir, recibir. Pero me he dado cuenta de que en ese egoísmo resulta que tiene perfecta cabida el dar. Soy gran fan de dar... y me encanta que a mi hombre le guste recibir, sólo por el simple placer de sentir y dar placer. Y no estoy hablando sólo de sexo oral.

Yo creo que se necesita una absoluta seguridad en sí mismo, en su hombría, en su masculinidad para dejarse hacer y disfrutarlo, al grado de llegar incluso a pedirlo. ¿Tienen una mínima idea del placer que esto nos provoca, de lo excitante que es para nosotras? Nos reviste de poder, nos encumbra, nos pone al mando… y el poder es placer… placer por poder.

26.11.09

Dos orgasmos.

Entré a su habitación, sin invitación alguna.

Pude ver en sus ojos que estaba completamente sorprendido de mi aparición sin introducción, pero no fue necesario que me preguntara la razón de mi presencia.

Me había escapado de un cóctel familiar, de esas fiestas fastuosas sin sentido a las que mi familia está acostumbrada a realizar para enseñarle a todo el mundo el dinero que tienen, a mi realmente me dejaron de importar desde que cumplí nueve años y mi madre me forzó a usar un vestido negro.

Ahora, con un vestido del mismo color, enfundado en mi cuerpo, casi asfixiándolo, estaba frente a tu cama, en tu cuarto ataviado de posters de grupos de metal. Niño de papi que se convirtió en un rebelde que anda en motocicleta, cuyo torso parecía una insinuación de niña mala.
Me quité los guates blancos abriendo las piernas, en pose sugestiva, ante tus ojos llenos de lujuria. Pero pese a esa facha de malo, la que dominó siempre en tu cama fui yo. Me gustaba en realidad la escena de tu cabello largo sobre mis hombros, contrario a mi maquillaje facial perfecto. Te encantaba deshacerme el peinado, mientras rasguñaba los tatuajes de tu espalda. ¿Quién lo diría? Tuve que fingir que me habían robado un collar de perlas, todo porque lo rompiste al momento de llegar al éxtasis con mis caderas.

Nunca me ordenaste nada, yo no te dejé. Siempre me imponía mirándote fijamente a los ojos y ordenándote que me rasguñaras la espalda, que me besaras, que me tomaras, que me hicieras sexo oral.

Nunca te negaste... Y tampoco te negarías ahora.

Te levantaste de la cama, me tomaste de la cintura fuertemente y me giraste contra la pared, para bajar despacio el ziper de mi vestido, del que prontamente te deshiciste, me lamías la oreja mientras yo sentía cada uno de tus músculos en mi espalda y entonces susurré: Masturbame.

Lo hiciste excitado, pude sentirlo, me tocabas mientras jadeabas y te volvías loco al escuchar mis gemidos suavecitos, me empujaste contra la pared que estaba fría y entonces grité aunada al éxtasis: Tómame.

Me aventaste a la cama y yo te recibí con un ansia singular. Aunque finalmente terminaste primero que yo, lo cierto es que ese orgasmo te lo debía.

- Debo regresar a la fiesta. - Dije mientras aún yacías encima de mi.

- Claro ¿Te ayudo a vestirte?

- No gracias.

Me levanté y me puse el vestido de nuevo... Efectivamente sin ropa interior, me coloqué de nuevo el collar de plata y acomodé los aretes. Saqué un espejo de mi bolso y retoqué el maquillaje removido por los impulsos, te pedí que sostuvieras el espejo mientras me volvía acomodaba el peinado.

Después, sin agradecerte, salí.

Me mandaste un mensaje al celular después: ¿Cuándo volveré a verte?

No contesté. Él sabía que sería la última vez que me vería. Falló a su cuota de dos orgasmos. Y sabía que el dos es mi número para encuentros casuales.

21.11.09

De pesos y medidas

Hacía ya varias semanas que me había percatado de la forma en que él me miraba, sobre todo cada vez que daba la media vuelta para salir de su oficina. No era la clásica mirada que nos hace reclamar "devuélveme mi ropa", sino una que más bien me envolvía, me acariciaba, me lamía, que dejaba entrever la excitación y la erección que le causaba, como un anuncio de "no sabes la que te espera", que reflejaba una intensa lujuria que se notaba que podía manejar a voluntad. Cada vez que me topaba con esa mirada contenía la respiración, se endurecían mis pezones, me sudaban las manos y sentía como palpitaba mi vulva. Ya era demasiado, tenía que hacer algo...
Primero, permítanme contarles algo sobre mí: fui criada bajo estrictos cánones de moral, en una familia muy conservadora y religiosa (muy las dos cosas), donde todavía existe la idea de la virginidad hasta el matrimonio, el "hasta que la muerte nos separe", "una señorita decente no hace tales cosas", "el sexo sólo en la recámara" y otras linduras por el estilo. A pesar de que siempre he sido la oveja negra de la familia, algunas de esas ideas me causaban un leve conflicto. Pero era tal el deseo que me despertaba, que aquella noche en que los demás se fueron temprano y nos dejaron solos en todo el piso, decidí que era momento de poner manos a la obra y olvidarme de tantos siglos de colonialismo español...
Luego de discutir algunos asuntos importantes para el día siguiente, busqué un pretexto para entrar a su baño. Sentí su mirada clavada en mi trasero mientas caminaba hacia adentro y pude escuchar cómo cambiaba el ritmo de su respiración. Fingí no escucharlo entrar detrás de mí, y de pie frente al lavabo, sentí su cuerpo apretarse contra el mío, sus manos rodeando mi cuello y mi cintura, su boca deslizándose por mi nuca... Me giró por los hombros, desabrochó mi pantalón y lo bajó junto con mi ropa interior, y sin dejar de besarme me cargó y me sentó en el lavabo, se arrodilló frente a mí y separó mis labios con su lengua, para luego meterla en mi vagina y girarla con maestría y deleite, mientras sus manos apretaban mis nalgas y me atraía hacia su cara, ahogando un mmmmmmmhhhh que brotaba de su garganta. Yo me retorcía de placer sobre el frío mármol del lavabo, hasta que, a punto de venirme, se detuvo, se puso de pie y me penetró tan profundo, tan delicioso, tan fuerte una y otra vez, hasta que las contracciones fueron incontrolables, intensas, provocándome un orgasmo increíble.
Mientras recomponíamos nuestras ropas, agradecimos al arquitecto que atinó a la altura exacta para su estatura y la mía. Ahora hemos decidido explorar los baños de cada oficina para corroborar el buen oficio del diseñador.

P. D.: Tal vez no sea la mejor historia, pero es una forma que encontré para decir: Feliz cumpleaños A ti...

17.11.09

De pies descalzos y de sueños... ¿blancos?


Hoy me voy a confesar con ustedes, fánseses del blog. Les voy a contar un gran secreto:

Soy fans, muy fans de Hanson.

Sí; Hanson, los tres hermanitos que cantaban MmmBop allá en el '97. Y sí, soy fans desde esos entonces. Pero en esos entonces yo era toda una virgen dulzura, y mi inocencia sólo me permitía imaginarme a Taylor, el hermanito del medio, el verdadero y único bombón amor de mi vida, besándome castamente en lo que en esos entonces eran mis más oscuros deseos. Y bueno, pues resulta que han pasado 12 años desde esos entonces y Taylor se cortó el pelo y se casó y tuvo como quince hijos; y ésta muñequita que escribe en éste blog ni se casó ni tuvo quince hijos pero sí que le quitaron lo virgen y lo dulce y lo inocente...

Y así, mientras pasaban los años y aquí su servilleta aprendía a revolcarse en diferentes camas (alfombras, mesas de cocina, escritorios, mesas de billar, regaderas, pisos de mármol, baños públicos, etc, etc.) hubo alguien que siempre estuvo presente en lo más profundo de mi subconsciente y que se me aparecía a la mitad de sueños que hacían que me despertara empapada de placer. Sí, adivinaron: el mismísimo bombón de bombones, Taylor Hanson.

Ahora, han de imaginarse que cuando supe que Hanson iba a dar un concierto en San Francisco (ciudad donde vivo ahora), no tardé ni dos segundos en comprar boleto. Y canté y brinqué y bailé con emoción quinceañerísima recordando viejos tiempos. Y luego regresé a mi casa y, muerta de cansancio, me quedé profundamente dormida. Fue entonces que empezó lo bueno...

Estaba yo tendida de espaldas en la cama, medio desnuda. Taylor estaba frente a mi sentado, viéndome fijamente con una sonrisa tierna en los labios. Yo entonces estiraba mi brazo y empezaba a acariciarle lentamente la pierna subiendo y bajando mi mano apenas rozando su piel con la punta de los dedos. Luego, muy lento, subía un poco más hasta acariciar su pene erecto y duro. Él cerraba los ojos y gemía quedito. Entonces yo me sentaba y empezaba a acariciar sus pies. Los masajeaba un buen rato y luego, con las dos manos, alzaba uno de ellos y lo llevaba hasta mi cara, donde con la punta de mi nariz y muy suavemente le recorría la planta del pie derecho. Luego empezaba a besarlo suave, lento, y a dibujar círculos con mi lengua a todo lo largo de su pie. Después abría un poco mi boca y empezaba a chuparle los dedos, jugando con mi lengua mientras mis dedos masajeaban suavecito desde el empeine hasta el tobillo. Me acuerdo que olía delicioso y que me encantaba lamerlo todo, me exitaba muchísimo ver su cara mordiéndose los labios tratando de no hacer ningún sonido, cosa que no lograba. Y yo feliz seguía jugando unos minutos más con su pie derecho hasta que decidía que era hora de hacer lo mismo con el izquierdo: Más exitada que nunca, chupaba, masajeaba, mordía y lamía, y él se volvía loco, tan loco que de repente se incorporaba y me tumbaba en la cama; y así tranformado y poseído, me penetraba una y otra vez sin dejarme mover, me detenía las manos arriba de mi cabeza y me embestía mientras yo me perdía entre las gotas de su sudor famoso que me caía en el cuello y se escurría hasta mi pecho, y en medio de gemidos y hasta llegar a un orgasmo que jamás creí posible, yo sólo pensaba: Estoy con Taylor Hanson... ¡Me estoy cogiendo a Taylor Hanson!

Desperté después de la explosión empapada, con la respiración agitada y los pies de Taylor todavía dándome vueltas en la cabeza. Su olor, su sabor, la textura de su piel... será algo que, aunque en sueños, difícilmente se me borrará del archivo de los oscuros y más agradables recuerdos que a veces uso de inspiración. Oh sí, ese ha sido el mejor sueño que he tenido en años. Gracias, Taylor Hanson. Gracias, gracias, miles de gracias. Ahora soy más fans que nunca.

Y miren, resulta que tengo un fetiche y yo ni sabía...

PAMBOLA

El origen de mi odio al fut empezó un día en que ahí me tienen una vez, (más jajaja) de rodillas, entradísima, esmerándome en hacerle a mi wey un oral de no mames (eso es como contradictorio ¿no?) a medio partido y en eso el chingado Cruz Azul metió un gol, y mi príncipe azul (que lo único azul que tenía es que le iba precisamente al Cruz azul) se levantó efusivamente para celebrar y mientras gritaba ¡a wevo putos! me pateó en el ojo con la rodilla izquierda. Aparte del moretón, que hacía sospechar a mis compañeros de trabajo que yo sufría de violencia doméstica digna de un capítulo de Lo que callamos las Mujeres, también empezó a surgir en mí una frustración terrible por no poder competir con 11 weyes peludos, sudados y cero sexys, atrás de un balón.

Siguiente domingo: una vez mas él y yo frente a la TV, transmitían el clásico de clásicos y mientras él trataba (infructuosamente la verdad) de explicarme qué era un fuera de lugar, yo de lo único que quería que se saliera de su lugar era nuestra ropa, así que empecé a hacer varios de mis trucos “infalibles”. A él como que le daba pena batearme así derecho y medio me seguía la onda, pero era obvio que no estaba pensando en sexo. Así es queridas féminas, parece que la única ocasión en que la cabeza de “allá abajo” no le gana a la cabeza de allá arriba, es cuando tienen que pensar cuántos goles necesita su equipo en el partido de vuelta para pasar la siguiente ronda (uórale y yo no sé ni cómo armé una frase tan futbolera).

Bueno ya, la tercera es la vencida. Al siguiente domingo el encuentro no era PUMAS VS CHIVAS, si no BAMBOLA VS PAMBOL. Esto ya era una cosa de orgullo más que de hormona, pero si quería vencer a ese terrible adversario, tendría que jugar en su propia chancha. Observaba todos los detalles con atención inaudita, hasta que de pronto en un anuncio de cervezas con chicas en playeras chiquititas bam! Tuve la idea: me dirigí a mi recámara, corté una playera de algodón blanca que me quedaba pegadita y… me metí a bañar con ella. ¡PLAYERAS MOJADAS! Cómo no se me ocurrió antes, salí de la regadera y me vi al espejo. Mis tetas se veían increíbles a través de la playera, que se me adhería al cuerpo, delineando cada curva y acababan justo arriba de las nalgas, para dejar al descubierto sólo la última curvita. Mi cabello y mi cuerpo entero completamente mojados le terminaban de dar un toque animal y muy sexy al conjunto.

Caminé descalza hacia la sala, sintiéndome sexy en cada paso que daba. Él no me vio llegar, así que cuando me le paré enfrente se quedó boquiabierto. No tuve ni siquiera que decir nada… con una mirada inyectada de deseo me detuvo por el cabello y con un suave jalón me obligó a hincarme frente a él. Al tiempo que se abría la bragueta y la metía en mi boca me decía entre susurros: te ves riquísima… después me levantó y me veía las tetas como queriendo comérselas, las mordió por encima de la playera, las tocó una y otra vez como si no las hubiera visto nunca antes y me dijo: quiero verte. Me llevó frente al espejo de cuerpo entero y me cogió en una dos tres… perdí la cuenta de cuántas posiciones mientras no dejaba de ver el espejo, como hipnotizado.

Esa noche tuvo que enterarse del resultado del partido por las noticias y ver los goles en el resumen y se ahorró todo lo demás del futbol que es bien aburrido. Y yo fui feliz de que una mujer le ganara al menos una vez al juego del hombre.

8.11.09

Mente sana en cuerpo ...

Mientras el humo iba esparciendo el delicioso olor del cafecito mañanero por todos los rincones de mi casa, prendí la TV justo a la hora en que me habían recomendado mis amigas para deleitarme la pupila con el bombón que con el pretexto de hacer yoga, se encuera y hace poses sugerentes que se convierten en material perfecto para tejer los sueños húmedos de todas las amas de casa de este país.

El bombón profundizaba en temas que me pegaban por una razón: mis amigas, preocupadas porque mi vida se había convertido en fiesta de domingo a domingo, decidieron hacer una intervención fresa (en un starbucks) para rogarme que cambiara a una vida más zen, mas wellness que le llaman.

Y ps la verdad es que debo reconocer que tenían razón, así que decidí declinar no una, sino dos invitaciones para salir en miércoles, irme a la camita temprano y así el jueves estar en condiciones de levantarme con ganas de empezar una vida más equilibrada y espiritual (iniciando por desayunar corn flakes en lugar de birria).

Parada frente a la tele en un sexy conjuntito deportivo que acentuaba mis curvas y me levantaba las pompas, pensaba cómo les habría ido a “my party people” la noche anterior, mientras dulce, cachonda y melodiosa, la voz del bombón mañanero iba entrando por mis oídos …”La confianza y la seguridad en uno mismo surgen del conocimiento, de saber quiénes somos y de lo que somos capaces… surgen de conocer nuestro potencial, de tener una fuerte Conexión con nuestra identidad… el poder real viene de estar en contacto con nuestra verdadera naturaleza, es necesario estarla sintiendo, estarla viviendo; así que entre más podamos profundizar en nuestro centro, mas dueños seremos de nuestros comportamientos, dueños de nuestro potencial en general.

“Estar en contacto con nuestra propia naturaleza”, repetía yo mientras hacía una pose que me recordaba ciertos momentos muy divertidos con un chico que acababa de conocer, y que me traía loquita… el bombón mañanero seguía… “les recomiendo ir a un parque, conectarse con la energía primordial que emana de la naturaleza y ahí preguntarse ¿quién soy yo?”

AAAhhh qué buena idea, de manera natural llegó a mi mente el Parque México, con sus bailarines de tango de siempre, sus millones de perros de buen humor, sus patos, sus frutas con chile del que pica y del que no pica, su sitio de taxis con choferes cotorreando, sus cafés alrededor, sus performeros ocasionales que pueden hacerte el día, así que dije por qué no y le hablé a mi nueva adquisición… hola estás ocupado hoy en la noche? ¿qué tal si vamos a correr al Parque México?

Llegó la noche y aunque las cosas se complicaron un poco (como siempre en DF), mi amigo y yo corríamos por el parque un poco más tarde de lo acordado, así que cada vez había menos gente.

La primer vuelta ocurrió sin pena ni gloria, pero en la segunda, sudábamos y jadeábamos, nuestros cuerpos rozaban, y me empecé a mojar… dem ¡nadie me advirtió que el ejercicio era afrodisiaco!

NI siquiera quería voltear a verlo, pues sentía una pena terrible de pensar que toda esa escena me la imaginaba yo sola y él estaba como si nada, pero en un momento dado, él me dijo “espera tengo que sentarme un poco”. Me jaló a una banquita que estaba en una zona francamente oscura y se sentó. ¿Estás bien? Pregunté. Él me miró a los ojos de una manera que hizo que me mojara muchísimo más y señaló hacia abajo. Tenía una enorme erección.

Sin pensarlo siquiera me hinqué sobre la tierra, bajé su pants, y la metí en mi boca… grande, dura, la sentían chocar en mi lengua, en mi paladar, una y otra vez, la sacaba de mi boca y jugaba con mi lengua alrededor de ella, él se retorcía de placer mientras decía, “tienes unas tetas deliciosas, se movían increíble mientras corrías”…
mi saliva la mojaba completamente, entraba una y otra vez en mi boca como si la penetrara, la chupaba mas fuerte y mas suave, la lamía como a una paleta…hasta que su leche mojó mis labios y se deslizó por un costado de mi boca.

¡Fuck! ¿dónde quedó toda la mierda de una vida más espiritual? LE ESTOY HACIEDO SEXO ORAL A ALQUIEN EN UN PARQUE, demonios pensaba yo, TODO me valió: Nunca pensé que estábamos en un lugar público, no se me ocurrió pensar qué pasaría si pasaba un policía, lo único que cabía en mi mente era el placer de ese momento, ¿y si nos veía alguien conocido? NADA IMPORTÓ fue un arrebato tan fuerte que fui incapaz de reprimirlo, y en ese momento BINGO

¡CLARO! Ahí estaba la respuesta, si no pude reprimirlo, se lo disfruté intensamente, si después de todo no sentía un verdadero remordimiento, si me la había pasado tan bien…ese día como nunca había estado en contacto con ¡MI PROPIA NATURALEZA!

Mientras caminábamos exhaustos pero felices,(y yo con las rodillas llenas de tierra) pensaba que por lo visto mi verdadera naturaleza era más Jim Morrison que Alejandro Maldonado, pero bueno de alguna manera o de otra, el primer paso hacia una vida más espiritual estaba dado.

Pero como en cualquier vida espiritual, siempre hay más preguntas que respuestas:

¿Iré por buen camino?
¿Lo estaré haciendo bien?
¿Mis amigas estarán felices de que llevo dos días sin irme de fiesta?
¿Estarán satisfechas de mostrarme una nueva vida?

¿El yoga teacher se sentiría orgulloso de mí?

Si él no, por lo menos mi amigo seguro que sí… jajajaja

¿Cuál será la siguiente lección? No sé pero la espero ansiosa.