¿Vas a salir tarde otra vez? Preguntó mi voz hastiada… PUTA, me cae que competir contra tu trabajo es peor que competir contra una teibolera con el cuerpo de la Anderson y la jeta de Megan Fox
Mi voz pasó en un segundo del hastío a un tono más bien punk, punk, y no happy punk como Green day sino Punk como La Polla Records, “estoy hasta la madre de estar siempre esperándote, es una weva”
“Entiende que estoy bajo presión” dijo él también en tono chingatumadre, “en cuanto salga voy para allá”.
Imaginen en sus mente la típica imagen del reloj con las manecillas pasando súper lento. El sueño me venció. En la madrugada mi celular sonó y su voz me dijo “estoy abajo de tu casa”. Benditos los interfones. Le abrí y esperé a que subiera. Una playera delgada de algodón y unos mini boxers muy sexys cubrían mi cuerpo, unas calcetas a medio muslo terminaban de darle el toque “inocente pero puta” que resulta tan irresistible, al conjunto, miré mi imagen en el espejo… me gustó lo que vi, la piel de mis muslos asomaba entre la media y el boxer, mi culo que provoca gritos apasionados en la calle se asomaba apenas lo suficiente, invitante, mis tetas debajo de la playera que se trasparentaba lo suficiente para dejar ver el pezón que pedían a gritos ser mordidos, la curva de mi cintura rogaba por unas manos que se posaran sobre ella firmemente…
pero en cuanto él y yo nos vimos a los ojos se esfumó el erotismo y se instaló el ácido, no pude evitar decir en el tono más sarcástico que pude “vaya por fin”.
Su cara de hastío me dijo que no estaba de buenas y que esto iba a ponerse feo, los reproches iban y venían los gritos eran cada vez mas fuertes,
“me caga que siempre es lo mismo”
“no puedo hacer nada, entiéndelo, así son las cosas y si te gusta…
“ah si? Y si no me gusta qué? Crees que me vas a asustar con eso? Osea el día que TU no quieras dándote la vuelta yo encuentro a alguien mas eh?
Y tú que crees que yo me voy a quedar a llorar por ti?
Ves? Nunca mides lo que dices y te vale madres
Tú empezaste
De pronto, como si una descarga eléctrica hubiera tomado su cuerpo por sorpresa, me miró como si no me hubiera visto antes y me dijo “tócame”, llevó mi mano a su bragueta y estaba duro como una roca, “hasta pelear contigo es sexy, me prendí durísimo”, yo no podía aún dejar el estado de encabronamiento que tenía, pero también sentí esa misma descarga justo en el centro de mi cuerpo. “Yo también me prendí, estoy mojada” dije
En un ataque de inspiración me hinqué dándole la espalda al espejo y comencé a tocarme. La vista para él era increíble. Si me miraba de frente veía mis tetas, si alzaba un poco la mirada veía el reflejo de mis manos separando mis labios, recorriéndolos, mojados y sexys, el sonido de mi vagina húmeda lo excitaba aún más, mi cara se desfiguraba por el placer, pero en mi mirada seguía el mismo reto, el mismo odio, intacto, retándolo a que se atreviera a tocarme.
Él me veía con una mezcla de “¿qué putas pasa? y qué puta eres” pero no se atrevía aún a pasar la barrera… sabía que tendría que ser contundente, fuerte, para que yo no lo rechazara. De pronto su mirada se inyectó de decisión y se bajó la bragueta… con un gesto violento jaló mi pelo hacia atrás y me la metió en la boca, su verga salí una y otra vez, yo seguía tocándome y él seguía disfrutando la vista que se reflejaba, de pronto me aventó hacia el piso, “una niña decente no hace eso” dijo con una gota de buen humor, “déjame ayudarte” y metió sus dedos en mí, rudo, rápido… delicioso.
Mis gemidos se esparcían por el vecindario y contagiaban los sueños de los vecinos de un humor húmedo y caluroso, me penetró de perrito, el espejo lo tenía hipnotizado… y a mi también debo confesar, de pronto todo mi cuerpo fue presa deun orgasmo, de los mas intensos que he sentido en mi vida, la contracción de mi cuerpo hizo que él se viniera sin poder evitarlo…
Él se recostó a mi lado en el piso de madera, me observaba atentamente mientras los espasmos en mi cuerpo se hacían más intensos, después de un minuto que parecía todo el tiempo del mundo, mi cuerpo se negaba a salir de ese estado… las contracciones parecían no desaparecer nunca y con cada una inevitablemente un gemido salía de mi boca… eso lo volvió a prender y de pronto me susurro al oído: voy a cogerte de nuevo.
En un giro súbito ahora yo estaba arriba de él y las contracciones de mi vagina lo apretaban haciendo que lo sintiera más que nunca y a él también, todo explotó, we were under pleassure y nada parecía indicar que esa noche algo nos interrumpiría, excepto, quizá, el amanecer…
29.1.10
26.12.09
Mientras dormías
Me despierto. Es todavía de madrugada y no te siento rodeándome con tu brazo, acurrucado en mí. Te busco a tientas en la oscuridad y te encuentro boca arriba, desnudo. Me excita sentir tu piel y tus vellos; el calor que emana de tu cuerpo entra por mis dedos y recorre mi mano y mi brazo; no puedo dejar de tocarte. Escucho como cambia el ritmo de tu respiración.
Te llamo, mas no me contestas, sigues dormido. Pero tu cuerpo sí me responde, tu sexo atiende a mi voz y a mis caricias. Lo busco y lo encuentro esperándome: grande, enhiesto, invitante. Mi sexo responde palpitando y humedeciéndose. Te monto y jugueteo un poco con tu punta en mi vulva, demorando el placer, exacerbando la excitación. Me penetro con tu miembro cuando siento mi entrada caliente y completamente lubricada, facilitándote el camino.
En tu inconsciencia sólo gimes, quedito, ronco. Tu gesto antes apacible se transfigura por el placer… respiras agitado, tus labios se curvan con una sonrisa. Te vuelvo a llamar y sigues dormido, o pretendiendo estarlo. Pongo y sostengo tus manos en mis caderas mientras giro mi pelvis y me empujo más hacia ti. Me provoca un retorcido deleite pensar qué estará pasando por tu cabeza ahora: ¿será que sueñas que me penetras? ¿Será más bien que estás ya en duermevela, dándote cuenta perfecto de lo que pasa y prefieres no despertar del todo porque te excita demasiado la idea de que abuse de ti? (que he de admitir, esa idea a mí me tiene sumamente embriagada)… Eso es todo: no puedo contener más tiempo las intensas contracciones provocadas por la fricción, por el movimiento, pero sobre todo, por mis pensamientos.
Cuánta razón tenía quien dijo que el cerebro es el órgano sexual por excelencia.
Te llamo, mas no me contestas, sigues dormido. Pero tu cuerpo sí me responde, tu sexo atiende a mi voz y a mis caricias. Lo busco y lo encuentro esperándome: grande, enhiesto, invitante. Mi sexo responde palpitando y humedeciéndose. Te monto y jugueteo un poco con tu punta en mi vulva, demorando el placer, exacerbando la excitación. Me penetro con tu miembro cuando siento mi entrada caliente y completamente lubricada, facilitándote el camino.
En tu inconsciencia sólo gimes, quedito, ronco. Tu gesto antes apacible se transfigura por el placer… respiras agitado, tus labios se curvan con una sonrisa. Te vuelvo a llamar y sigues dormido, o pretendiendo estarlo. Pongo y sostengo tus manos en mis caderas mientras giro mi pelvis y me empujo más hacia ti. Me provoca un retorcido deleite pensar qué estará pasando por tu cabeza ahora: ¿será que sueñas que me penetras? ¿Será más bien que estás ya en duermevela, dándote cuenta perfecto de lo que pasa y prefieres no despertar del todo porque te excita demasiado la idea de que abuse de ti? (que he de admitir, esa idea a mí me tiene sumamente embriagada)… Eso es todo: no puedo contener más tiempo las intensas contracciones provocadas por la fricción, por el movimiento, pero sobre todo, por mis pensamientos.
Cuánta razón tenía quien dijo que el cerebro es el órgano sexual por excelencia.
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6.12.09
Desenfrenadamente
Mi ruta por la carretera federal 85 me la sé de memoria, la he recorrido 5 veces a la semana de ida y vuelta por más de 27 años y sólo un accidente así que si me puedo dar el lujo de voltear a buscar mis cigarros o de cambiar de casette en el estéreo, cuantimás de mirarte de reojo. No suelo dar aventones por que me molesta tener que platicar con gente extraña, por eso me caíste bien, por eso y por atreverte a usar minifalda y traer sólo una pequeña mochila púrpura en la espalda al pararte a la orilla de la carretera. Por primera vez sentí la necesidad de tener una conversación y así una excusa de estar volteando a mirarte, pero eras de pocas palabras. Rocé tu pierna al acercarme a la guantera, tú le subiste al volumen de la música y acariciaste mi muslo antes de regresar tu brazo. Entonces me atreví a mirarte descaradamente las piernas, las abriste mientras volteabas hacia tu ventana fingiendo estar distraída, pasé saliva con sabor asenlix, meto mi mano bajo tu minifalda y siento que te estremeces, hago a un lado tu ropa interior, no quiero voltear a ver la carretera, te dedeo y siento como te mojas, saco la mano rápidamente para cambiar de velocidad y reaccionas acercándote un poco más a mi, vuelvo a meterte el dedo, estoy en la orillita de mi asiento, acaricio entre tus labios manejando de memoria y mirándote las chichis, estás tan rica y eres tan silenciosa que quiero soltar los pedales de mi trailer y dejarme ir sobre ti.
29.11.09
Tiempo de dar
Durante yo creo toda nuestra vida hemos escuchado que es mejor dar que recibir. Y normalmente estoy de acuerdo, es un acto noble que nos enriquece como personas, nos retroalimenta y nos hace crecer.
En el sexo solía pensar que prefiero todo lo contrario: ser absolutamente egoísta y recibir, recibir. Pero me he dado cuenta de que en ese egoísmo resulta que tiene perfecta cabida el dar. Soy gran fan de dar... y me encanta que a mi hombre le guste recibir, sólo por el simple placer de sentir y dar placer. Y no estoy hablando sólo de sexo oral.
Yo creo que se necesita una absoluta seguridad en sí mismo, en su hombría, en su masculinidad para dejarse hacer y disfrutarlo, al grado de llegar incluso a pedirlo. ¿Tienen una mínima idea del placer que esto nos provoca, de lo excitante que es para nosotras? Nos reviste de poder, nos encumbra, nos pone al mando… y el poder es placer… placer por poder.
En el sexo solía pensar que prefiero todo lo contrario: ser absolutamente egoísta y recibir, recibir. Pero me he dado cuenta de que en ese egoísmo resulta que tiene perfecta cabida el dar. Soy gran fan de dar... y me encanta que a mi hombre le guste recibir, sólo por el simple placer de sentir y dar placer. Y no estoy hablando sólo de sexo oral.
Yo creo que se necesita una absoluta seguridad en sí mismo, en su hombría, en su masculinidad para dejarse hacer y disfrutarlo, al grado de llegar incluso a pedirlo. ¿Tienen una mínima idea del placer que esto nos provoca, de lo excitante que es para nosotras? Nos reviste de poder, nos encumbra, nos pone al mando… y el poder es placer… placer por poder.

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26.11.09
Dos orgasmos.
Entré a su habitación, sin invitación alguna.
Pude ver en sus ojos que estaba completamente sorprendido de mi aparición sin introducción, pero no fue necesario que me preguntara la razón de mi presencia.
Me había escapado de un cóctel familiar, de esas fiestas fastuosas sin sentido a las que mi familia está acostumbrada a realizar para enseñarle a todo el mundo el dinero que tienen, a mi realmente me dejaron de importar desde que cumplí nueve años y mi madre me forzó a usar un vestido negro.
Ahora, con un vestido del mismo color, enfundado en mi cuerpo, casi asfixiándolo, estaba frente a tu cama, en tu cuarto ataviado de posters de grupos de metal. Niño de papi que se convirtió en un rebelde que anda en motocicleta, cuyo torso parecía una insinuación de niña mala.
Me quité los guates blancos abriendo las piernas, en pose sugestiva, ante tus ojos llenos de lujuria. Pero pese a esa facha de malo, la que dominó siempre en tu cama fui yo. Me gustaba en realidad la escena de tu cabello largo sobre mis hombros, contrario a mi maquillaje facial perfecto. Te encantaba deshacerme el peinado, mientras rasguñaba los tatuajes de tu espalda. ¿Quién lo diría? Tuve que fingir que me habían robado un collar de perlas, todo porque lo rompiste al momento de llegar al éxtasis con mis caderas.
Nunca me ordenaste nada, yo no te dejé. Siempre me imponía mirándote fijamente a los ojos y ordenándote que me rasguñaras la espalda, que me besaras, que me tomaras, que me hicieras sexo oral.
Nunca te negaste... Y tampoco te negarías ahora.
Te levantaste de la cama, me tomaste de la cintura fuertemente y me giraste contra la pared, para bajar despacio el ziper de mi vestido, del que prontamente te deshiciste, me lamías la oreja mientras yo sentía cada uno de tus músculos en mi espalda y entonces susurré: Masturbame.
Lo hiciste excitado, pude sentirlo, me tocabas mientras jadeabas y te volvías loco al escuchar mis gemidos suavecitos, me empujaste contra la pared que estaba fría y entonces grité aunada al éxtasis: Tómame.
Me aventaste a la cama y yo te recibí con un ansia singular. Aunque finalmente terminaste primero que yo, lo cierto es que ese orgasmo te lo debía.
- Debo regresar a la fiesta. - Dije mientras aún yacías encima de mi.
- Claro ¿Te ayudo a vestirte?
- No gracias.
Me levanté y me puse el vestido de nuevo... Efectivamente sin ropa interior, me coloqué de nuevo el collar de plata y acomodé los aretes. Saqué un espejo de mi bolso y retoqué el maquillaje removido por los impulsos, te pedí que sostuvieras el espejo mientras me volvía acomodaba el peinado.
Después, sin agradecerte, salí.
Me mandaste un mensaje al celular después: ¿Cuándo volveré a verte?
No contesté. Él sabía que sería la última vez que me vería. Falló a su cuota de dos orgasmos. Y sabía que el dos es mi número para encuentros casuales.
21.11.09
De pesos y medidas
Hacía ya varias semanas que me había percatado de la forma en que él me miraba, sobre todo cada vez que daba la media vuelta para salir de su oficina. No era la clásica mirada que nos hace reclamar "devuélveme mi ropa", sino una que más bien me envolvía, me acariciaba, me lamía, que dejaba entrever la excitación y la erección que le causaba, como un anuncio de "no sabes la que te espera", que reflejaba una intensa lujuria que se notaba que podía manejar a voluntad. Cada vez que me topaba con esa mirada contenía la respiración, se endurecían mis pezones, me sudaban las manos y sentía como palpitaba mi vulva. Ya era demasiado, tenía que hacer algo...
Primero, permítanme contarles algo sobre mí: fui criada bajo estrictos cánones de moral, en una familia muy conservadora y religiosa (muy las dos cosas), donde todavía existe la idea de la virginidad hasta el matrimonio, el "hasta que la muerte nos separe", "una señorita decente no hace tales cosas", "el sexo sólo en la recámara" y otras linduras por el estilo. A pesar de que siempre he sido la oveja negra de la familia, algunas de esas ideas me causaban un leve conflicto. Pero era tal el deseo que me despertaba, que aquella noche en que los demás se fueron temprano y nos dejaron solos en todo el piso, decidí que era momento de poner manos a la obra y olvidarme de tantos siglos de colonialismo español...
Luego de discutir algunos asuntos importantes para el día siguiente, busqué un pretexto para entrar a su baño. Sentí su mirada clavada en mi trasero mientas caminaba hacia adentro y pude escuchar cómo cambiaba el ritmo de su respiración. Fingí no escucharlo entrar detrás de mí, y de pie frente al lavabo, sentí su cuerpo apretarse contra el mío, sus manos rodeando mi cuello y mi cintura, su boca deslizándose por mi nuca... Me giró por los hombros, desabrochó mi pantalón y lo bajó junto con mi ropa interior, y sin dejar de besarme me cargó y me sentó en el lavabo, se arrodilló frente a mí y separó mis labios con su lengua, para luego meterla en mi vagina y girarla con maestría y deleite, mientras sus manos apretaban mis nalgas y me atraía hacia su cara, ahogando un mmmmmmmhhhh que brotaba de su garganta. Yo me retorcía de placer sobre el frío mármol del lavabo, hasta que, a punto de venirme, se detuvo, se puso de pie y me penetró tan profundo, tan delicioso, tan fuerte una y otra vez, hasta que las contracciones fueron incontrolables, intensas, provocándome un orgasmo increíble.
Mientras recomponíamos nuestras ropas, agradecimos al arquitecto que atinó a la altura exacta para su estatura y la mía. Ahora hemos decidido explorar los baños de cada oficina para corroborar el buen oficio del diseñador.
Primero, permítanme contarles algo sobre mí: fui criada bajo estrictos cánones de moral, en una familia muy conservadora y religiosa (muy las dos cosas), donde todavía existe la idea de la virginidad hasta el matrimonio, el "hasta que la muerte nos separe", "una señorita decente no hace tales cosas", "el sexo sólo en la recámara" y otras linduras por el estilo. A pesar de que siempre he sido la oveja negra de la familia, algunas de esas ideas me causaban un leve conflicto. Pero era tal el deseo que me despertaba, que aquella noche en que los demás se fueron temprano y nos dejaron solos en todo el piso, decidí que era momento de poner manos a la obra y olvidarme de tantos siglos de colonialismo español...
Luego de discutir algunos asuntos importantes para el día siguiente, busqué un pretexto para entrar a su baño. Sentí su mirada clavada en mi trasero mientas caminaba hacia adentro y pude escuchar cómo cambiaba el ritmo de su respiración. Fingí no escucharlo entrar detrás de mí, y de pie frente al lavabo, sentí su cuerpo apretarse contra el mío, sus manos rodeando mi cuello y mi cintura, su boca deslizándose por mi nuca... Me giró por los hombros, desabrochó mi pantalón y lo bajó junto con mi ropa interior, y sin dejar de besarme me cargó y me sentó en el lavabo, se arrodilló frente a mí y separó mis labios con su lengua, para luego meterla en mi vagina y girarla con maestría y deleite, mientras sus manos apretaban mis nalgas y me atraía hacia su cara, ahogando un mmmmmmmhhhh que brotaba de su garganta. Yo me retorcía de placer sobre el frío mármol del lavabo, hasta que, a punto de venirme, se detuvo, se puso de pie y me penetró tan profundo, tan delicioso, tan fuerte una y otra vez, hasta que las contracciones fueron incontrolables, intensas, provocándome un orgasmo increíble.
Mientras recomponíamos nuestras ropas, agradecimos al arquitecto que atinó a la altura exacta para su estatura y la mía. Ahora hemos decidido explorar los baños de cada oficina para corroborar el buen oficio del diseñador.
P. D.: Tal vez no sea la mejor historia, pero es una forma que encontré para decir: Feliz cumpleaños A ti...
17.11.09
De pies descalzos y de sueños... ¿blancos?

Hoy me voy a confesar con ustedes, fánseses del blog. Les voy a contar un gran secreto:
Soy fans, muy fans de Hanson.
Sí; Hanson, los tres hermanitos que cantaban MmmBop allá en el '97. Y sí, soy fans desde esos entonces. Pero en esos entonces yo era toda una virgen dulzura, y mi inocencia sólo me permitía imaginarme a Taylor, el hermanito del medio, el verdadero y único bombón amor de mi vida, besándome castamente en lo que en esos entonces eran mis más oscuros deseos. Y bueno, pues resulta que han pasado 12 años desde esos entonces y Taylor se cortó el pelo y se casó y tuvo como quince hijos; y ésta muñequita que escribe en éste blog ni se casó ni tuvo quince hijos pero sí que le quitaron lo virgen y lo dulce y lo inocente...
Y así, mientras pasaban los años y aquí su servilleta aprendía a revolcarse en diferentes camas (alfombras, mesas de cocina, escritorios, mesas de billar, regaderas, pisos de mármol, baños públicos, etc, etc.) hubo alguien que siempre estuvo presente en lo más profundo de mi subconsciente y que se me aparecía a la mitad de sueños que hacían que me despertara empapada de placer. Sí, adivinaron: el mismísimo bombón de bombones, Taylor Hanson.
Ahora, han de imaginarse que cuando supe que Hanson iba a dar un concierto en San Francisco (ciudad donde vivo ahora), no tardé ni dos segundos en comprar boleto. Y canté y brinqué y bailé con emoción quinceañerísima recordando viejos tiempos. Y luego regresé a mi casa y, muerta de cansancio, me quedé profundamente dormida. Fue entonces que empezó lo bueno...
Estaba yo tendida de espaldas en la cama, medio desnuda. Taylor estaba frente a mi sentado, viéndome fijamente con una sonrisa tierna en los labios. Yo entonces estiraba mi brazo y empezaba a acariciarle lentamente la pierna subiendo y bajando mi mano apenas rozando su piel con la punta de los dedos. Luego, muy lento, subía un poco más hasta acariciar su pene erecto y duro. Él cerraba los ojos y gemía quedito. Entonces yo me sentaba y empezaba a acariciar sus pies. Los masajeaba un buen rato y luego, con las dos manos, alzaba uno de ellos y lo llevaba hasta mi cara, donde con la punta de mi nariz y muy suavemente le recorría la planta del pie derecho. Luego empezaba a besarlo suave, lento, y a dibujar círculos con mi lengua a todo lo largo de su pie. Después abría un poco mi boca y empezaba a chuparle los dedos, jugando con mi lengua mientras mis dedos masajeaban suavecito desde el empeine hasta el tobillo. Me acuerdo que olía delicioso y que me encantaba lamerlo todo, me exitaba muchísimo ver su cara mordiéndose los labios tratando de no hacer ningún sonido, cosa que no lograba. Y yo feliz seguía jugando unos minutos más con su pie derecho hasta que decidía que era hora de hacer lo mismo con el izquierdo: Más exitada que nunca, chupaba, masajeaba, mordía y lamía, y él se volvía loco, tan loco que de repente se incorporaba y me tumbaba en la cama; y así tranformado y poseído, me penetraba una y otra vez sin dejarme mover, me detenía las manos arriba de mi cabeza y me embestía mientras yo me perdía entre las gotas de su sudor famoso que me caía en el cuello y se escurría hasta mi pecho, y en medio de gemidos y hasta llegar a un orgasmo que jamás creí posible, yo sólo pensaba: Estoy con Taylor Hanson... ¡Me estoy cogiendo a Taylor Hanson!
Desperté después de la explosión empapada, con la respiración agitada y los pies de Taylor todavía dándome vueltas en la cabeza. Su olor, su sabor, la textura de su piel... será algo que, aunque en sueños, difícilmente se me borrará del archivo de los oscuros y más agradables recuerdos que a veces uso de inspiración. Oh sí, ese ha sido el mejor sueño que he tenido en años. Gracias, Taylor Hanson. Gracias, gracias, miles de gracias. Ahora soy más fans que nunca.
Y miren, resulta que tengo un fetiche y yo ni sabía...
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